Razones para Correr

Mara Yamauchi tiene su pequeño lugar en los libros de historia del atletismo.

Tiene la segunda mejor marca entre las maratonistas británicas, tras la plusmarquista mundial Paula Radcliffe. Otros logros personales incluyen su sexta plaza en la maratón de los Juegos Olímpicos de Pekín y segunda en la de Londres en 2009.

Se retiró del circuito profesional en 2012 y ahora dedica su energía a ayudar a los demás a ser mejores deportistas.

En especial, para convencer a los novatos de “la invalorable contribución que correr puede hacer a sus vidas”.

Aquí están sus diez razones por las que puedes y deberías empezar a correr.

1. Es divertido

Honestamente, el puro placer de correr en un día soleado, más cuando se está rodeado por la naturaleza, buenas vistas y aire fresco, es algo de otro mundo.

Pero incluso cuando hace mal tiempo, uno se siente mejor cuando llega de correr que cuando empezó.

2. Es barato

Comparado casi con cualquier otro deporte –tenis, fútbol, ciclismo…– correr no cuesta tanto.

Sólo se necesita un par de zapatillas adecuadas y poco más.

Hay muchos aparatos para quien le gusta la tecnología y se lo puede permitir, pero en realidad, no son necesarios.

3. Haces amigos

Correr con otros es una actividad muy sociable y divertida. También, la compañía ayuda a mitigar la dureza de los entrenamientos.

Al enfrentarse a desafíos juntos, se hace camaradería no sólo amistad.

Correr con un amigo puede ser más divertido que reunirse para estar sentado o hablar.

4. Da tiempo para pensar

Muchos dicen que correr es la mejor forma de reflexionar. De alguna manera, aclara la mente, elimina distracciones y ayuda a ver las cosas mejor.

Cuando corro, me vienen ideas a la cabeza tan rápido que tengo que escribirlas justo al llegar a casa para que no se me olviden.

Puede hasta alimentar la creatividad.

5. Te lleva de A a B

Los seres humanos son cazadores-recolectores que nacieron para correr largas distancias.

Al final, correr es una manera de desplazarse.

Pocos de nosotros lo hacemos así, ¿pero por qué no empezar?

Se puede correr para ir a comprar, ir al parque, a casa de un amigo o al trabajo. Los grupos de personas que corren de casa al trabajo y del trabajo a casa son cada vez más populares en algunas ciudades.

6. Es el deporte más natural y puro

Corriendo volvemos a nuestras raíces evolutivas. Los niños corren de forma espontánea tan pronto como pueden.

Es la forma más simple y pura de ejercitarse. El movimiento más básico que conocemos.

No hay complicaciones, sólo un punto de partida y una meta, y el camino abierto en el sentido de la libertad que tenemos para decidir a dónde queremos ir puede ser liberador.

7. Ayuda a mantener la línea

El mundo moderno ha esparcido enfermedades relacionadas con el estilo de vida como diabetes, cáncer y problemas del corazón.

Muchas son complicadas por la obesidad y el sobrepeso. Correr, seguro, es una de las mejores maneras de mantener el peso adecuado.

8. Descubres lugares

Cuando viajo o voy de vacaciones, me encanta explorar el destino corriendo, normalmente temprano en la mañana cuando todo está más tranquilo.

Puedes cubrir más distancia que caminando, puedes ver diferentes luces y encontrar lugares que no están en las rutas más convencionales

9. Salud mental

Correr ayuda a deshacerse del exceso de adrenalina y otras hormonas. Puede ayudar a estar en calma, relajados y mantener las cosas en perspectivas.

Puede liberar a la mente de preocupaciones diarias y problemas.

10. Aprendes

Ejercitarse corriendo ofrece muchas lecciones de vida muy útiles: que el trabajo duro vale la pena, cómo proponerse metas y trabajar para conseguirlas.

También enseña que podemos realizar nuestros sueños si ponemos nuestra cabeza en ello, que tienes que comprometerte para hacer algo bien y que puedes inspirar a otros desafiándonos a nosotros mismos.

¿Cómo contabilizar correctamente los kilómetros que hemos entrenado?

Hace no muchos años nuestros entrenamientos estaban apuntados en una libreta y todos los días procedíamos a sumar los kilómetros. Los más cuidadosos anotaban lo que habían hecho, la distancia recorrida, el tiempo e incluso las sensaciones que habían tenido: un verdadero diario que se guardaba con cuidado porque era la base de datos de nuestra vida atlética y que podía ser consultado repasando sus páginas.

Y llegó la tecnología

Más cómodo resultó para algunos (otros nos llevamos bastante mal con la informática) empezar a pasarlos a una hoja de cálculo que automáticamente calculaba ritmos, kilómetros semanales y demás parámetros en cuanto le metíamos los datos básicos del entrenamiento. Y a día de hoy raro es el que no entrena provisto de un GPS o que se vale de cualquiera de las múltiples aplicaciones para móviles que existen y que permiten tanto programar nuestro entrenamiento como tener acceso a una gran cantidad de datos del mismo: ritmos medios, ritmos máximos, desnivel acumulado, pendientes medias, ritmos de series y de recuperaciones, valores de frecuencia cardiaca (si además llevamos un pulsómetro),…datos y más datos, gráficas, comparativas y casi todo lo que podamos imaginar.

Pero además de contabilizar los kilómetros y calcular los ritmos, hay que extractar lo importante, lo esencial, lo que nos dice realmente cómo estamos, qué estado de forma tenemos o si el entrenamiento ha sido mejor o peor que otro en teoría igual.

No te dejes ni un kilómetro

En cuanto al total de kilómetros realizados no debemos dejarnos ni uno, todos cuentan y todos cuestan. Por lo tanto, si hemos hecho, por ejemplo, 3 kms de calentamiento + 12 kms carrera continua + 1 km de enfriamiento, nuestro entrenamiento ha sido de 16 kms, ni uno más ni uno menos y así pasa con el resto de las sesiones para que no nos falte ninguno a la hora de saber el total semanal, eso que nos gusta tanto, que comentamos con orgullo en unas ocasiones o que anotamos con preocupación cuando por diversos motivos no hemos podido sacar los previstos.

Obviamente este acumulado refleja el volumen que estamos metiendo, pero no es por sí mismo un indicador del estado de forma, no tiene por qué ser cierto que a más kilómetros semanales mejor estemos ya que dependerá del propio contenido de cada uno de los entrenamientos (controlados, cuestas, series, etc…) y de los ritmos que marquemos en ellos.

Así puede darse el caso de que nos encontremos al final de una primera fase de acumulación dentro de una planificación donde el volumen que trabajemos sea elevado, pero que a la vez estemos lejos todavía de los ritmos que pretendemos para nuestro objetivo. Es por ello que deberíamos analizar por separado los datos.

¿Y qué pasa con los ritmos?

Por lo que respecta a los ritmos ahí es donde vamos a poder sacar más conclusiones siempre y cuando separemos lo fundamental. A ese entrenamiento de 3 +12 +1 vamos a ponerle ritmos para intentar explicarlo:

  • 3 kms a 5:30 de calentamiento (más estiramientos, técnica de carrera y demás, claro) .
  • 12 kms de carrera continua a una media de 4:30.
  • 1 km de enfriamiento a 6:00.

Si calculamos el ritmo medio total nos saldría de 4:47 min/km. ¿Para qué nos vale este dato? ¿Qué nos quiere decir?

Más bien poco, la información que nos da puede inducir a error. Lo importante es el ritmo medio de la fase principal del entrenamiento, “lo que nos tocaba hacer”.

El calentamiento (no necesario sino imprescindible) y el enfriamiento, aunque son partes de la sesión no debemos mezclarlas a la hora de calcular ritmos medios. El dato que nos interesa es el 4:30 min/km de la carrera continua porque es el que vamos a utilizar a la hora de programar otros entrenamientos e incluso lo tendremos en cuenta a la hora de decidir nuestro ritmo en carrera. Y ese ritmo de carrera todos, absolutamente todos, lo calculamos dejando a un lado el calentamiento y enfriamiento del día de la prueba.

¿No decíamos que hay contar todos los kilómetros? 

Por supuesto, todos suman para el total, pero habrá algún día que nos cueste algo más el calentamiento por haber entrenado la víspera, por la hora del día, por la temperatura o por cualquier otro motivo; otro día nos encontraremos más ligeros desde el primer momento y por lo tanto los ritmos de ambos calentamientos saldrán distintos. Para lo que sí nos valdrá fijarnos en estos datos dispares es para valorar la necesidad de ampliar esta fase del entrenamiento en un caso y de ajustarse a lo previsto en el otro con el fin de llegar al comienzo de la parte principal en óptimas condiciones tanto en uno como en otro caso.

En un entrenamiento de series como el clásico 10 X 1000 con recuperación muy suave (o incluso andando), ¿qué sentido tiene calcular el ritmo medio? Lo importante es a cómo nos han salido los miles, qué nos ha marcado el crono al final de cada serie en función de esa recuperación que hemos fijado. Preparando maratón seguramente la recuperación será mínima y preparando un diez mil más larga y con el ritmo más agónico, pero en ambos casos nos fijamos principalmente en el tiempo de cada mil.

Bien distinto es un fartlek donde la mejora la buscamos con la alternancia de ritmos siendo importantes tanto los minutos rápidos como los lentos y el ritmo medio resultante, pero igualmente habría que dejar al margen el calentamiento y el enfriamiento.

Conclusión

De esta forma hay atletas que sin olvidar el número total de kilómetros que realizan semanalmente dan la mayor importancias a cuántos han completado de calidad (series, carrera continua rápida, interval, etc) y sus ritmos y con ello comparan respecto a otras semanas de la misma preparación o incluso de anteriores preparaciones para hacerse una idea de su estado forma. E incluso sin dejar de anotar ningún kilómetro hacen un recuento paralelo de los que han completado en la semana sumando únicamente la parte principal de cada entrenamiento.

En cualquier caso, tampoco te queremos volver loco; no dejes contar ningún kilómetro y, sobre todo, sal, corre y disfruta.

(Fuente: @ImanloLoizaga)